miércoles, 17 de agosto de 2011

Ascenso

“La fe de la vocación militar inspira nuestro camino, en medida a nuestros problemas que vencemos con empeño, en medida a las victorias con que vivimos un sueño y en medida que entregamos músculo, sangre y aliento”. (anónimo)

Es una bendición de mi Dios todopoderoso el poder compartir este día con soldados del aire, mar y tierra, que con la camaradería que caracteriza al soldado ecuatoriano, nos acompañan en este momento tan importante, en que se reconoce nuestro servicio desinteresado a la institución y a la patria.

Varios años han pasado desde que ingresamos al glorioso Ejército, imbuidos por el espíritu que desde el indómito Shyri hasta los héroes del Cenepa ha estado presente en cada elemento que ha decidido seguir la carrera de las armas, con la convicción de empuñar un fusil cuando el país nos necesite y con la vocación que día a día se fortalece.   

En nuestro camino hemos tenido que franquear varios obstáculos, que en vez de debilitarnos nos han fortalecido en cuerpo y mente. Talvez uno de los primeros fue el abandonar el calor del hogar de nuestros queridos padres, por seguir el sueño que muchos quisieron alcanzar pero que al final pocos lo pudimos materializar. Gracias a ellos que siempre estuvieron y continúan estando dispuestos a dar un consejo cuando lo necesitamos.

Y fue precisamente en ese período de formación cuando conocimos a nuestros hermanos en la milicia que día a día nos acompañaron en la primera travesía y que luego tuvieron que acudir al llamado de la patria en incontables rincones de la misma y que hoy sienten la misma felicidad que sentimos aquí por haber alcanzado un peldaño más.

Es menester agradecer a cada uno de nuestros instructores, comandantes, y soldados que hemos tenido la oportunidad de comandar, por habernos dado la oportunidad de demostrar nuestras capacidades y por habernos dado varias lecciones que han sido asimiladas y puestas en práctica para ser mejores líderes militares y sobre todo, mejores hombres.

El dios romano de la guerra, Marte, tuvo como fuente de inspiración a la diosa del Amor, Venus. De la mitología a la realidad, el soldado en su trajinar se dio el tiempo para ser humano y encontrar el amor, que lo acompaña en todas las batallas que tiene que enfrentar. Gracias a ti esposa, por comprender mi profesión, por soportar la distancia, por ser muchas veces padre y madre. Eres tú la que hace el sacrificio de no tener siempre cerca al esposo, al amigo, al padre.

Es un honor recibir el nuevo grado, que lo aceptamos con orgullo pero con mucha humildad y sabemos también que se nos entrega mayor responsabilidad que debemos cumplir con esfuerzo y dedicación constante, con liderazgo y con ejemplo, con disciplina y lealtad.
Es nuestro deber, seguir siendo respetuosos con las leyes, con la sociedad a la que nos debemos, y con la institución armada, cumpliendo nuestra sagrada misión.

En este día es necesario también recordar y renovar el juramento que hicimos un 10 de agosto, en el cual buscamos el bien común sin anhelar mezquinos intereses que empobrecen el alma, pues los ideales del soldado van más allá de la riqueza material, pues somos ricos con la gloria de formar parte de un ejército vencedor.

Dios, patria y libertad

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